Yhe Tsongkhapa

19 Septiembre 2014

Buda Shakyamuni,, predijo que en un futuro Manyhushri (el Buda de la Sabiduría) se manifestaría como Yhe Tsongkhapa.

Y así fue, en 1357 Yhe Tsongkhapa nació en la tierra de las nieves donde vivió hasta su muerte en 1419. No vino como un ser iluminado, sino que se mostró siempre bajo el aspecto de un practicante ordinario, jamás hizo ostentación pública de sus poderes sobrenaturales o clarividencias, y alentó a sus discípulos a que siguieran su ejemplo y no revelaran los poderes milagrosos que lograsen.


Trabajó sin descanso para difundir el Dharma (enseñanza o camino de evolución) puro de Buda por todo el Tibet. Por medio de sus enseñanzas y buen ejemplo, guió a muchos seres al logro de las auténticas realizaciones.


Durante su vida estableció un gran monasterio en el Tibet, llamado el monasterio de Ganden (tierra gozosa), difundió por todo el país la doctrina mas pura, “ La doctrina de Ganden”. Esta enseñanza se la llama “ la Gran protectora” por que protege a todos los seres sintientes del océano del sufrimiento samsárico (ciclo de encarnaciones).


Hoy en día a la tradición de Yhe Tsongkhapa, se la conoce como “ la Tradición Gelug “ o la tradición virtuosa, a sus seguidores les llaman Los Gelugpas ( o los sombreros amarillos).

Si Yhe Tsonghapa, en vez de enseñar el Dharma y mostrar un buen ejemplo, se hubiera dedicado a exhibir sus buenas cualidades, como poderes sobrenaturales y otros tipos de clarividencias, ahora no podríamos recibir ningún beneficio de tales acciones.


Lo que necesitamos no son ostentaciones de poderes milagrosos sino un modelo y un ejemplo claros de cómo entrar en el camino espiritual correcto.


Al nacer, de su madre brotó una gota de sangre y en el lugar donde cayó, con el paso del tiempo, creció un precioso árbol blanco de sándalo de cien mil hojas. Cada una de ellas tenía la impresión de la imagen del Buda Sengei Ngaro. Este suceso fue una señal de que el niño era una manifestación de Manyhushri. Mas tarde, el Tercer Dalai Lama, Sonam Gyatso, consagró el árbol como un objeto sagrado digno de veneración, y lo trasladó al monasterio de la localidad donde lo colocaron en una stupa de plata adornada con joyas preciosas y dispusieron diversas ofrendas a su alrededor.


Este monasterio recibió el nombre de “el Monasterio de Kumbum” o el Monasterio de las Cien Mil Imágenes. Con el paso del tiempo otros árboles similares crecieron alrededor de la stupa y en sus hojas también aparecieron imágenes sagradas. Algunas hojas revelaban las letras del mantra de Manyhushri, AH RA PA TSA NA DHI, y otras su sílaba semilla, la sílaba DHI. La gente devota de los alrededores consideraba estas hojas como objetos sagrados y, en el otoño con su caída, las recogían y molían para convertirlas en polvo bendito.


Al tomar este polvo medicinal muchas personas se aliviaron de sus dolencias y enfermedades y desarrollaron una sabiduría muy especial.

El mero hecho de visualizar a Yhe Tsongkhapa en actitud meditativa es un método potente para recibir las bendiciones de todos los Budas.

Visto 1385 veces Modificado por última vez en Miércoles, 01 Octubre 2014

Testimonios de nuestros alumnos

  • Aida Ribot

    Los sonidos y vibraciones retumban por todo el cuerpo. Sientes que la cabeza te da vueltas y que los músculos se relajan.

    Sientes estallidos de vibraciones por los brazos y piernas, un cosquilleo que va y viene constantemente. Es una experiencia única y relajante de las que más he sentido. Después de una sesión, salgo de clase como si estuviera flotando.

    Aida Ribot Profesora de inglés
  • Esther Beltran

    Es una experiencia intensa, el sonido penetra en las capas más profundas de nuestra psique y de nuestro cuerpo , atraviesa capas de nuestras barreras emocionales para sanarlas. Es como recibir un baño de luz a través de otro medio, nos despeja la mente y despierta nuestra conciencia.

    Esther Beltran Terapeuta cuántica
  • Luisa Siles

    Las sensaciones que me producen los sonidos de los cuencos es muy placentera de relax total, empieza el sonido a entrar por un oído y haciendo circulo entra por el otro, por toda la cabeza después se expande por todo el cuerpo, entrando por las palmas de las manos en vibración y sintiendo lo mismo por los pies, es un placer y otro placer es el yoga.

    Luisa Siles Maestra de Reiki
  • M Cruz Barón

    Las meditaciones con sonidos de cuencos, flautas, tambores, platillos, cantos... es sobre todo un viaje a lo profundo del alma.

    En la sesión de hoy he conectado con la gran vibración de los cuencos de más tamaño. El sonido ha pasado por mi cuerpo haciendo de mí un sonido más. El sonido envolvente de las campanillas y platillos me ha levantado del suelo y he dado vueltas por la sala. El palo de la lluvia me ha conectado con mi alma apache. Los mantras con templos sagrados de la India o el Tíbet.

    M Cruz Barón Grafóloga
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