Buda Sakiamuni

19 Septiembre 2014

Las fechas de la vida de Buda varían según las fuentes, pero todas están de acuerdo en él hecho de que Buda vivió ochenta años. Su nacimiento se remontaría a 961 a.C., y su parinirvana (el momento de la muerte de un maestro consumado) a 881 a.C.


Nació en Lumbini, en el clan de los Sakya, una casta alta de castrilla (casta de los reyes y los guerreros) Hijo del Rey Suddhodana y de la Reina Mayadevi, también llamada Mahamaya, al nacer recibió el nombre de Siddharta Gautama.


En el palacio del rey Suddhodana, situado en Kapilavastu, en el norte de la India, antes de nacer se produjeron numerosos signos anunciadores de la llegada de un gran ser.

Mientras la reina se dirigía a casa de sus padres para dar a luz como era la costumbre, se paró en el jardín de Lumbini. Y se produjo el nacimiento, parió de pie, sin dolores, sosteniéndose en la rama de una higuera que colgaba sobre ella.


Cuando nació el Bodhisattva se tuvo en pie, dio siete pasos diciendo “He nacido para el Despertar, éste es mi último nacimiento en este mundo fenoménico”.

Siete días después de su nacimiento la reina murió.

El Príncipe Bodhisattva fue educado por su tía materna Mahaprayapati, creció entre los otros niños del clan y reveló ser él mas dotado de todos. Convirtiéndose en un atleta consumado en arco. Dominó todas las ciencias mundanas, como el conocimiento de lenguas y las matemáticas.

El joven príncipe llevó así una vida voluptuosa durante toda su juventud, a los 16 años se casó con la princesa Gopa.

Un día ordeno a su cochero que le condujera al parque real situado en el exterior del palacio. El rey había hecho retirar cualquier espectáculo doloroso de su camino, pero apareció un viejo decrépito, y estupefacto pregunto a su cochero “Amigo ¿quién es ese hombre?”, y el cochero le explicó que todos los hombres se hacían viejos.


Durante las siguientes excursiones, se encontró con un enfermo y con un cadáver, pero en su última salida, vio a un monje errante perfectamente sereno.

“¿Quién es?”, “Señor es un hombre que se ha retirado del mundo”, esto le agradó y decidió seguir su ejemplo. Contaba con 29 años de edad, y su hijo Rahula acababa de nacer. Pero su decisión estaba tomada, con el fin de hallar una solución al sufrimiento y ayudar a todos los seres, abandonó a los suyos.

Ya en el bosque dejó sus alhajas y sus ropas principescas, se cortó los cabellos como signo de renuncia y se puso la túnica azafrán de los ascetas.


Siddharta se encontró con el brahmán Arada Kalama, que se convirtió en su primer maestro. Aprendió los cantos Védicos y la meditación que conduce a la esfera de la nada, rápidamente dominó la técnica. Supo que no alcanzó el Despertar y siguió su búsqueda.

Se dirigió a Rajagrha junto a Udraka Ramaputra un maestro de Yoga que enseñaba una meditación que conducía a un estado de “ni cognición ni no-cognición” también dominó este estado de concentración en la que la conciencia sutil es prácticamente inexistente.


Se fue a practicar austeridades a orillas del rió Nairanjana, durante 6 largos años, se dió a ellas en compañía de otros 5 ascetas mendicantes, practicando los ejercicios del aliento restringiendo su comida a un grano de arroz al día, y su cuerpo se volvió débil, demacrado y negro.

Aunque su espíritu estaba sereno, su cuerpo le hacia sufrir terriblemente y decidió abandonar el ascetismo, convencido de que no había alcanzado su objetivo. Abandono a sus compañeros y se fue por las ciudades a mendigar su alimento.


Tras alimentarse y bañarse recobro el color de su piel dorada.

Se acordó de que una vez, antes de partir de palacio había experimentado un estado meditativo espontáneo ante la visión de un campesino manejando un arado.

Resolvió encontrar de nuevo ese estado y utilizarlo. Se sentó a meditar debajo del árbol Pipal durante 49 días sin comer ni beber.


Justo antes de alcanzar el Despertar perfecto, sufrió los ataques más violentos de Mara “el maligno” libró así su ultimo combate interior contra el apego, la cólera, la ignorancia, y las pasiones simbolizadas bajo la forma de Kama (el dios de la sensualidad acompañado de muchachas deseables) pero él permaneció imperturbable.

Mara apeló a las tropas más repulsivas, a huracanes, flechas, rocas llameantes, demonios, proyectiles, etc. pero todo se paraba a mitad de camino y se convertía en pétalos de flores por la meditación del Bodhisattva.


Finalmente Mara le grito:


“Siddharta, levántate de ese asiento, pues es mío”. Y respondió:


Mara tu no has trabajado por el conocimiento, ni por el bien del mundo, ni por el despertar, este asiento no te pertenece, es mío.


¿Pero quien dará testimonio de tu despertar? Buda toco la tierra diciendo:


“La tierra es mí testigo. Y ésta empezó a temblar diciendo - yo soy testigo de esto -. Vencido Mara, retrocedió junto a sus ejércitos.


Y en esa noche alcanzó el pleno despertar, la perfecta iluminación de un Buda que expresó mediante estas simples palabras, profundo, apacible, despojado de complejidad y lleno de luz”.

Durante una semana contempló el sentido de su descubrimiento.

Visto 1614 veces Modificado por última vez en Miércoles, 01 Octubre 2014

Testimonios de nuestros alumnos

  • Aida Ribot

    Los sonidos y vibraciones retumban por todo el cuerpo. Sientes que la cabeza te da vueltas y que los músculos se relajan.

    Sientes estallidos de vibraciones por los brazos y piernas, un cosquilleo que va y viene constantemente. Es una experiencia única y relajante de las que más he sentido. Después de una sesión, salgo de clase como si estuviera flotando.

    Aida Ribot Profesora de inglés
  • Esther Beltran

    Es una experiencia intensa, el sonido penetra en las capas más profundas de nuestra psique y de nuestro cuerpo , atraviesa capas de nuestras barreras emocionales para sanarlas. Es como recibir un baño de luz a través de otro medio, nos despeja la mente y despierta nuestra conciencia.

    Esther Beltran Terapeuta cuántica
  • Luisa Siles

    Las sensaciones que me producen los sonidos de los cuencos es muy placentera de relax total, empieza el sonido a entrar por un oído y haciendo circulo entra por el otro, por toda la cabeza después se expande por todo el cuerpo, entrando por las palmas de las manos en vibración y sintiendo lo mismo por los pies, es un placer y otro placer es el yoga.

    Luisa Siles Maestra de Reiki
  • M Cruz Barón

    Las meditaciones con sonidos de cuencos, flautas, tambores, platillos, cantos... es sobre todo un viaje a lo profundo del alma.

    En la sesión de hoy he conectado con la gran vibración de los cuencos de más tamaño. El sonido ha pasado por mi cuerpo haciendo de mí un sonido más. El sonido envolvente de las campanillas y platillos me ha levantado del suelo y he dado vueltas por la sala. El palo de la lluvia me ha conectado con mi alma apache. Los mantras con templos sagrados de la India o el Tíbet.

    M Cruz Barón Grafóloga
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